03/07/07

Despedida

Pues sí, queridos amig@s, aquí termina mi tiempo. Una vez recibida la siguiente notificación "su periodo de prueba termina el 15/07/07" o sea, en breve, doy por finalizado mi paso por éstas letras. Bien entenderéis que no es algo de mi agrado, pero son meras cuestiones de valores. Me niego a pagar por publicar!!! (digo yo que suena más poetico, como si una pudiese creerselo por una vez en la vida)
Agradezco todos los comentarios que me regalasteis, el paso de las almas curiosas que me visitaron (aun sin dejar huella escrita de ello) y tener seguro que...os leeré!!!
Ésta ha sido una estela, la que deja toda estrella fugaz, la estrella del norte. Esperando que algún día, en la fila del supermercado, en la butaca contigua del cine, en la barra de un bar, en la caja de una tienda...os topeis con ésos ojos que no dejan de sentir y podais adivinar en ellos la sonrisa que os escribo. Esté donde esté ésa estrella, nunca dejará de brillar. Tan sólo teneis que observar y comprobareis que hay un universo lleno de ellas, vosotr@s ya formais parte de él.

Mil gracias a mi luz, mi pollo amarillo. Por él se creó estrella. (ya sabes que te extraño, con tus "chupame un huevo", "gallega tenía que ser..", y ése "cuidense bebe, los amo" -que me parte el alma en dos de tanto amor!-

Las españolas -o al menos una servidora- no "nos dispersamos del lugar", sino que "nos piramos"...he dicho!!!

28/06/07

Todo sucede a pesar de

Empecé a escribir mucho antes de hacerlo. Talismán y Pandora se conocían tiempo atrás. La primera era la niña que jugaba a vivir, la que apareció después de siete años de vivencias fallidas. La segunda, la de la cajita de los secretos, vivía guardando su tesoro. Allí escondía todo lo que encontraba, abría y cerraba la caja según le convenía, pero jamás se desprendía de algo muy importante: su esperanza.
Había entre ellas un lazo de unión muy fuerte, pero lo que hacía posible todo aquello era el respeto del espacio ajeno, jamás se las veía aparecer juntas.
Un día en que Talismán se bañaba entre sus recuerdos apareció Pandora y le dijo: “mira guapa, puedes pasarte la vida entera retozando entre tu pasado, pero eso no te dejará crecer. Tendrás siempre esas manos pequeñitas que no logran mantener nada en equilibrio y ésos piececitos que no te dejan avanzar. Haremos una cosa, te ayudaré a construir tu propio cofre y en él guardarás ésos recuerdos que tanto quieres y todo aquello que vaya apareciendo en tu vida, así podrás hacer uso de todo eso cuando se te antoje
Y así fue, Talismán consiguió reunir adioses dolorosos que se superaron con nuevas sonrisas, miradas cómplices, cervezas de domingo, deditos que le acariciaban el pelo cuando menos lo esperaba, paréntesis que nunca se cerraban, una isla azul con millones de amaneceres, noches de soledad que aprendió a disfrutar, y algo de lo que jamás se desprendió: su pasado.
Pandora se alegró tanto de verla feliz que un día la dejó dormida sobre su cama, agarrada a una llave, con una sonrisa en los labios. Salió de aquel cuarto y volvió hacia su caja. Sacó un reloj que había encontrado una noche olvidado en el cuarto de Talismán y se sorprendió al ver que las manecillas daban vueltas de un lado hacia el otro sin ningún control. Pasó noches enteras sin salir de casa, intentando encontrar la forma de ponerlo en hora, pero vencida por el agotamiento, cayó en un profundo sueño.
Mientras ella dormía, el reloj consiguió detenerse y marcó la hora exacta. Pandora no podía darse cuenta de aquel cambio, su necesidad de descansar la había llevado hasta un lugar que no conocía. Se encontraba en mitad de la nada –la nada, para aquellos que no lo sepan, es de mil colores y sin forma determinada- estaba perdida, no sabía hacia donde ir y de pronto algo la tranquilizó. Un susurro, lejano pero que a la vez podía sentir a su lado. Era una voz suave, que emanaba la paz que tanto necesitaba. Y de pronto, en la lejanía, pudo ver que algo se acercaba hacia ella. Al principio tuvo miedo, no sabía exactamente si identificaría aquello que alumbraba el camino, pero su valor la obligó a seguir adelante. En mitad del camino y cuando aquella voz dejó de sonreir entre canciones, Pandora pudo ver un pollo. Sí, un pollito pequeño, de color amarillo. Se le encogió el corazón de ver toda aquella ternura y lo tomó entre sus brazos. Le acariciaba las patitas mientras lo admiraba y él, con una sonrisa en sus ojos, le siguió susurrando canciones lejanas.
Al despertar, Pandora se sintió otra y de repente descubrió que sus dedos eran más largos. Se alzó de la cama en un sobresalto y corrió a mirarse en el primer espejo que encontró. Cual fue su sorpresa al descubrir que aquella que tenía delante era otra. Se enfadó consigo misma –o con la otra, quién sabe- y giraba la cara de un lado al otro para poder culpar a alguien de todo aquello. Su corazón estalló, las piernas –que seguían sin parecer suyas- le temblaban y se quedó paralizada sin reconocer su propia imagen. Fue entonces cuando volvió a oírlo. Aquella voz y la melodía, a su lado. Recobró la tranquilidad y dejó de tener miedo. Había cambiado y lo admitió –tal vez siempre había sido así o no -. Ahora sólo le hacía falta un nombre, que no le dejase olvidar quién era.
Entonces aquella voz, la del pollito de sus sueños, se acercó y le dijo algo, suavemente entre una pequeña sonrisa…”Te amo, Estrellita…”

27/06/07

S.L.

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..y un día abrió los ojos..descubrió que sólo había sido un mal sueño..